El equilibrio físico es la capacidad de mantener el centro de gravedad del cuerpo sobre la base de apoyo, tanto en situación estática (posición erguida e inmóvil) como en dinámica (caminar, practicar deporte). Se basa en la integración permanente de tres sistemas sensoriales complementarios: el sistema vestibular (oído interno: detecta los movimientos de la cabeza y las aceleraciones), la propiocepción (receptores musculares, tendinosos y articulares: informan al cerebro sobre la posición de cada segmento del cuerpo en el espacio) y la visión (puntos de referencia visuales del entorno). El cerebelo y el tronco encefálico integran esta información en tiempo real y ajustan constantemente el tono muscular. Un déficit en cualquiera de estos sistemas —neuropatía periférica, trastorno vestibular, déficit visual, fatiga muscular— altera la estabilidad y aumenta el riesgo de caídas. Los vértigos y los trastornos del equilibrio pueden evaluarse en la sección dedicada a ello.
El equilibrio se deteriora de forma natural con la edad: a partir de los 65 años, una de cada tres personas sufre una caída cada año, y las caídas constituyen la primera causa de mortalidad accidental entre los mayores de 65 años (HAS). Hay varios factores que aceleran este deterioro:
El entrenamiento del equilibrio es eficaz a cualquier edad y produce resultados medibles en pocas semanas. Los ejercicios con mayor evidencia clínica para mejorar la estabilidad incluyen el tai chi (reducción del 37 % del riesgo de caídas según los metaanálisis), el yoga, los ejercicios en un solo pie (mantener el equilibrio sobre un pie entre 10 y 30 segundos, primero con los ojos abiertos y luego cerrados) y la marcha nórdica (que estimula la propiocepción global). La natación y el ciclismo mantienen la coordinación sin ejercer impacto sobre las articulaciones.
Desde el punto de vista nutricional, el magnesio (300 mg/día) interviene en la transmisión neuromuscular; una carencia provoca calambres, debilidad muscular e inestabilidad. La vitamina D3 (entre 1 000 y 2 000 UI al día como mínimo en personas mayores —se recomienda un análisis de sangre—) mejora la fuerza muscular y reduce el riesgo de caídas, tal y como se ha demostrado. Los omega-3 EPA-DHA favorecen la salud neurológica y la conducción de los impulsos nerviosos propioceptivos. El ginkgo biloba (extracto estandarizado EGb 761 — EMA: uso bien establecido) mejora la microcirculación cerebral y los vértigos relacionados con trastornos del equilibrio de origen vascular — contraindicado en caso de tratamiento con anticoagulantes y antiagregantes plaquetarios. En caso de vértigos persistentes, caídas repetidas o trastornos del equilibrio de aparición súbita, consulte a un médico para descartar una causa neurológica o vestibular tratable.