La adicción es un trastorno psicológico y físico que se caracteriza por una necesidad compulsiva de consumir una sustancia —alcohol, tabaco, medicamentos— o de repetir un comportamiento, a pesar de las consecuencias negativas demostradas para la salud, las relaciones y la vida laboral. Desde el punto de vista neurobiológico, la adicción es el resultado de una alteración del circuito dopaminérgico de recompensa: la sustancia o el comportamiento proporcionan inicialmente placer, pero luego el cerebro se adapta reduciendo su sensibilidad natural a la dopamina, lo que genera una necesidad cada vez mayor de sentir el mismo efecto: es lo que se conoce como tolerancia. Los signos característicos incluyen un deseo irresistible (craving), una tolerancia creciente que requiere dosis o comportamientos más intensos para obtener el mismo efecto, y síntomas de abstinencia al interrumpir el consumo — véase «abstinencia» para conocer en detalle estos síntomas según las sustancias.
Las causas de la adicción son multifactoriales y combinan predisposición genética, entorno y factores psicológicos y sociales:
Un hábito se distingue de una adicción por el mantenimiento del control: sigue siendo un comportamiento automático sin compulsión ni impacto negativo importante en la vida cotidiana. La adicción, por el contrario, implica una pérdida de control persistente a pesar de ser consciente de las consecuencias —señales de alerta que incluyen un consumo creciente a pesar de los problemas que genera, intentos infructuosos y repetidos de reducir el consumo, una cantidad considerable de tiempo dedicado a conseguir, consumir o recuperarse del consumo de la sustancia, y un alejamiento progresivo de las actividades sociales o profesionales habituales.
El tratamiento de la adicción requiere un enfoque holístico e individualizado, que suele combinar varios elementos: terapia conductual (en particular, la terapia cognitivo-conductual, especialmente eficaz para identificar y modificar los patrones de pensamiento relacionados con la adicción), acompañamiento médico para gestionar los síntomas de abstinencia específicos de cada sustancia, apoyo de grupos de iguales (Alcohólicos Anónimos, Narcóticos Anónimos) y cambios profundos en el estilo de vida. La motivación personal y el apoyo familiar constituyen factores determinantes, según está documentado, para el éxito del proceso de tratamiento.
Como complemento a un seguimiento médico adecuado, algunos principios activos naturales ayudan a aliviar los síntomas de abstinencia más leves: la valeriana (uso bien establecido según la EMA) y la pasiflora (uso bien establecido según la EMA) calman la ansiedad y favorecen un mejor sueño durante las fases de abstinencia, el bisglicinato de magnesio (300 mg/día) atenúa la irritabilidad y la hiperexcitabilidad nerviosa asociadas a la abstinencia, y la rodiola (adaptógeno) refuerza la motivación y la resistencia al estrés durante el proceso de recuperación; estos enfoques nunca sustituyen a un seguimiento médico o psicológico adaptado a la sustancia y a la gravedad de la adicción.
Para apoyar a un ser querido afectado, se recomiendan varias actitudes: animarle sin presionarle a buscar ayuda profesional, ofrecerle una escucha sin juzgarle, informarse sobre la naturaleza específica de la adicción para comprender mejor los retos a los que se enfrenta y establecer límites claros para preservar la propia salud emocional. Los grupos de apoyo dedicados a las familias de personas dependientes ofrecen recursos y consuelo en esta prueba que a menudo se afronta en soledad.