El cristalino es una lente biológica transparente, avascular y que, una vez maduro, carece de núcleo celular. Su transparencia depende de la organización precisa de sus proteínas estructurales: las cristalinas (α, β, γ). La catarata se debe a su opacificación progresiva bajo el efecto del estrés oxidativo acumulado: los radicales libres (generados por los rayos UVB, el tabaquismo y la diabetes) oxidan los residuos de cisteína de las cristalinas, provocando su agregación irreversible. La cirugía de facoemulsificación —sustitución del cristalino opaco por un implante— es, en la actualidad, el único tratamiento curativo. Los complementos alimenticios se enmarcan exclusivamente en una lógica de prevención y ralentización de la progresión de la enfermedad.
La vitamina B2 (riboflavina) es un cofactor fundamental para la salud del cristalino. Es indispensable para la glutatión reductasa, una enzima que regenera el glutatión reducido (GSH) en el epitelio del cristalino. El glutatión es el antioxidante más concentrado del cristalino (hasta 10 mM) y su primera línea de defensa contra los radicales libres. Estudios epidemiológicos (Hankinson et al., 1992; Jacques et al., 2005) demuestran que un bajo aporte de riboflavina se asocia a un mayor riesgo de catarata nuclear y subcapsular posterior. Una ingesta de entre 1,1 y 1,6 mg/día es suficiente para mantener la actividad óptima de la glutatión reductasa del cristalino.
El licopeno, el carotenoide rojo más potente contra el radical de oxígeno singlete (¹O₂) —la principal especie reactiva generada por los rayos UVB en el cristalino—, se acumula preferentemente en el propio cristalino, según estudios de cuantificación tisular. Estudios de casos y controles (Mares-Perlman et al., 1995) asocian los niveles séricos bajos de licopeno con un mayor riesgo de catarata cortical y nuclear. Sus mejores fuentes alimentarias son el tomate cocido (el licopeno libre es de 3 a 5 veces más biodisponible que el crudo), el pomelo rosa y la sandía.
Las células epiteliales del cristalino, únicas células vivas de este órgano, dependen de su actividad mitocondrial para mantener las bombas iónicas (Na⁺/K⁺-ATPasa) que preservan la transparencia del cristalino. La coenzima Q10 es el transportador de electrones mitocondrial esencial para esta producción de ATP. Los modelos animales muestran que la CoQ10 reduce significativamente la formación de cataratas. Su concentración en el cristalino humano disminuye con la edad y en los pacientes diabéticos, una población con alto riesgo de cataratas subcapsulares posteriores.
Varios factores independientes de la edad aceleran la opacificación del cristalino. El tabaquismo multiplica el riesgo por 2 o por 3 al agotar el glutatión del cristalino. La diabetes no controlada activa la vía de los polioles en el cristalino, lo que provoca la acumulación de sorbitol, que altera la osmolaridad y la organización de las fibras del cristalino. La exposición prolongada a los rayos UVB sin gafas acelera la fotooxidación de las proteínas del cristalino. El tratamiento sistémico prolongado con corticoides se asocia a la catarata subcapsular posterior. Una alimentación rica en antioxidantes y el uso de gafas con protección UV constituyen las medidas preventivas mejor documentadas.
Antes de la operación, los suplementos antioxidantes (licopeno, CoQ10, riboflavina, fórmulas tipo AREDS) ralentizan la progresión de la opacidad, sin revertir una catarata ya formada. Tras la cirugía, el cristalino natural se sustituye por un implante sintético que ya no puede opacarse. La suplementación antioxidante sigue siendo relevante para proteger las estructuras retinianas, lo que justifica continuar con un complemento ocular completo en el postoperatorio. La página sobre la retina y los complementos disponibles en «confort ocular» orientan hacia las fórmulas adecuadas para cada situación.