La acetilcisteína es un derivado de la cisteína, un aminoácido sulfurado, que se utiliza en medicina por sus propiedades mucolíticas, antioxidantes y hepatoprotectoras. Su principal indicación son las afecciones respiratorias con secreciones bronquiales espesas —bronquitis crónica, fibrosis quística, enfermedad pulmonar obstructiva crónica (EPOC)—, en las que facilita la expectoración. También es el antídoto de referencia en caso de intoxicación por paracetamol, ya que desempeña un papel protector esencial del hígado al prevenir la necrosis hepática.
Mecanismo de acción: la acetilcisteína rompe los puentes disulfuro de las mucoproteínas, lo que reduce directamente la viscosidad de la mucosidad bronquial y facilita su evacuación. Además, actúa como precursor del glutatión, el antioxidante endógeno más potente del organismo, implicado en la desintoxicación celular. En caso de intoxicación por paracetamol, es precisamente esta restauración de las reservas de glutatión hepático lo que permite la eliminación de los metabolitos tóxicos y evita la insuficiencia hepática aguda. Para las bronquitis con secreciones espesas benignas, la hiedra trepadora (EMA, uso bien establecido) constituye una alternativa fitoterapéutica suave como complemento o para las formas leves decongestión respiratoria.
La acetilcisteína está disponible en varias formas galénicas: sobres de polvo efervescente, comprimidos efervescentes, soluciones orales y forma inyectable reservada al ámbito hospitalario (intoxicación por paracetamol). Para las afecciones respiratorias, la posología estándar suele ser de 200 mg tres veces al día o 600 mg en una sola toma; el protocolo para la intoxicación por paracetamol sigue un esquema intravenoso específico y estrictamente controlado.
El tratamiento suele tolerarse bien, pero pueden producirse varios efectos adversos:
La acetilcisteína está contraindicada en caso de alergia conocida a la sustancia, no se recomienda en caso de úlcera gástrica activa (posible efecto irritante sobre la mucosa digestiva) ni en personas con antecedentes de broncoespasmos graves. Su uso en mujeres embarazadas o en periodo de lactancia debe consultarse con un médico, aunque no se ha demostrado formalmente ningún efecto teratogénico.
Existen varias interacciones farmacológicas que requieren importantes precauciones de uso. Se desaconseja terminantemente la asociación con antitusígenos centrales, ya que puede provocar una acumulación excesiva de secreciones bronquiales que el antitusígeno impide expulsar, lo que aumenta el riesgo de complicaciones respiratorias. La acetilcisteína también puede interferir con determinados antibióticos (penicilinas, cefalosporinas) por interacción directa en solución; se recomienda un intervalo de al menos dos horas entre las tomas. La combinación con nitroglicerina, utilizada en determinadas enfermedades cardiovasculares, puede provocar una hipotensión importante y cefaleas intensas.
En cuanto al apoyo antioxidante complementario, algunos principios activos naturales, como la vitamina C, comparten una acción antioxidante sinérgica, aunque a través de mecanismos distintos a los de la acetilcisteína; véase también la página sobre antioxidantes para obtener una visión general de los principios activos con efecto protector celular. Antes de iniciar cualquier tratamiento a base de acetilcisteína, es imprescindible informar al médico o al farmacéutico de todos los medicamentos que se estén tomando, incluidos los complementos alimenticios, para evitar cualquier interacción.