Los rayos UVB forman parte del espectro ultravioleta que emite el sol, con una longitud de onda comprendida entre 280 y 315 nanómetros.
A diferencia de los rayos UVA, los rayos UVB tienen una longitud de onda más corta y son los principales responsables de las quemaduras solares visibles, rojas y dolorosas.
La exposición a los rayos UVB estimula la producción de melanina y el bronceado, un mecanismo de defensa natural de la piel frente a los rayos UV.
A largo plazo, una exposición repetida y excesiva aumenta el riesgo de cáncer de piel (carcinoma basocelular, carcinoma epidermoide, melanoma) y de fotoenvejecimiento.
La distinción entre los rayos UVA y UVB se basa principalmente en su longitud de onda y su acción sobre la piel.
Los rayos UVA tienen una longitud de onda mayor (315-400 nm), penetran profundamente en la dermis y se asocian principalmente al fotoenvejecimiento y a ciertas reacciones alérgicas.
Los rayos UVB tienen una longitud de onda más corta (280-315 nm), se detienen en la epidermis y provocan principalmente quemaduras solares y bronceado.
Ambos tipos contribuyen al envejecimiento cutáneo prematuro y aumentan el riesgo de cáncer de piel.
La protección contra los rayos UVB se basa en varias medidas que se complementan entre sí:
Es imprescindible volver a aplicar el protector solar cada dos horas y después de cada baño o cada vez que se sude.
En cantidades moderadas, los rayos UVB permiten la síntesis cutánea de vitamina D, esencial para el metabolismo óseo y el funcionamiento del sistema inmunitario.
Una exposición de entre 10 y 15 minutos de los brazos y la cara, de 2 a 3 veces por semana en verano, suele ser suficiente para cubrir las necesidades de la mayoría de los adultos.
En invierno o en caso de carencia confirmada, puede recomendarse una suplementación bajo supervisión médica, en lugar de una exposición solar prolongada.
Los beneficios de una exposición moderada nunca justifican una exposición excesiva, que sigue siendo un factor de riesgo de cáncer de piel y fotoenvejecimiento.
Una exposición excesiva y repetida a los rayos UVB conlleva varias consecuencias cutáneas y generales:
Se recomienda realizar revisiones dermatológicas periódicas en caso de piel clara, antecedentes personales o familiares, o exposiciones importantes (por motivos de ocio o laborales).
La piel de los niños es más fina y sensible que la de los adultos, lo que los hace especialmente vulnerables a los rayos UVB.
Las quemaduras solares en la infancia constituyen un factor de riesgo importante de melanoma en la edad adulta; la prevención desde una edad temprana es esencial.
Bebés menores de 6 meses: ninguna exposición directa al sol; los protectores solares no siempre son adecuados para esta edad, por lo que se recomienda consultar previamente al pediatra.
Para los niños más mayores, combina un protector solar pediátrico con factor de protección solar (FPS) 50, ropa con protección UV, gorro, gafas de sol y evita las horas de mayor intensidad solar.
Hay varios criterios que indican una protección solar de calidad contra los rayos UVB:
Los rayos UVB pueden provocar diversas lesiones oculares.
Fotokeratitis: inflamación aguda de la córnea («quemadura solar» ocular) que se produce tras una exposición intensa (nieve, mar, gran altitud); dolor, lagrimeo, sensibilidad a la luz; se recomienda acudir al oftalmólogo.
Cataratas: a largo plazo, la exposición acumulada a los rayos UV se considera un factor de riesgo en el desarrollo de esta patología.
Para reducir estos riesgos, utiliza gafas de sol certificadas como 100 % UV / UV 400 y opta por modelos envolventes en situaciones de alta exposición.
El índice UV indica el nivel de radiación ultravioleta en un lugar y momento determinados, en una escala del 1 al 11+.
Ayuda a prever el riesgo de exposición y a adaptar las medidas de protección: índice 1-2 (bajo), 3-5 (moderado), 6-7 (alto), 8-10 (muy alto), 11+ (extremo).
A partir de un índice UV de 3 (moderado), se recomienda tomar precauciones: crema solar, gafas de sol, sombrero y ropa que cubra bien.
Por encima de 8, la exposición directa se vuelve especialmente peligrosa y debe limitarse incluso durante breves periodos de tiempo, sobre todo en el caso de las personas de piel clara y los niños.
Los cristales estándar bloquean la mayor parte de los rayos UVB, pero dejan pasar una parte importante de los rayos UVA.
Por lo tanto, en el coche, en la oficina cerca de una ventana o en el interior de una vivienda bien orientada, la exposición a los rayos UVA sigue siendo posible y contribuye al fotoenvejecimiento.
Para una protección más completa, se pueden instalar láminas UV o cristales tratados en las ventanas, lo cual resulta especialmente útil en vehículos y edificios muy expuestos.
Se recomienda seguir utilizando protección solar a diario, incluso si la actividad se desarrolla principalmente en interiores o en el coche.
La intensidad de los rayos UVB puede medirse mediante diversos medios técnicos.
Las estaciones meteorológicas y los servicios de previsión publican diariamente el índice UV para diferentes regiones y altitudes.
Las aplicaciones móviles, los relojes inteligentes y los sensores portátiles proporcionan una estimación en tiempo real adaptada a tu ubicación.
Los dosímetros UV personales (pulseras o pastillas que cambian de color) se utilizan a veces para indicar cuándo hay que renovar la protección, lo cual resulta especialmente útil en actividades prolongadas.
Ninguna crema solar, ni siquiera con un SPF muy alto, bloquea el 100 % de los rayos UVB.
Un SPF 30 bloquea aproximadamente el 97 % de los rayos UVB; un SPF 50, aproximadamente el 98 %; y un SPF 50+, hasta el 98,3 %.
La diferencia de eficacia entre los FPS altos es, por tanto, reducida en términos de porcentaje absoluto, pero puede ser significativa en caso de exposición prolongada o de piel especialmente vulnerable.
La reaplicación regular y la cantidad aplicada (aproximadamente 2 mg/cm², es decir, 30 ml para el cuerpo de un adulto) siguen siendo los factores determinantes de la eficacia real.
Las pieles oscuras cuentan con una mayor protección natural gracias a su elevado contenido en melanina, que filtra parte de los rayos UV.
Sin embargo, esta protección no exime de tomar medidas preventivas: las pieles oscuras también pueden sufrir quemaduras solares, manchas pigmentarias postinflamatorias marcadas y cánceres de piel (especialmente en las plantas de los pies y las palmas de las manos).
Se sigue recomendando la protección solar para todos los tonos de piel, adaptando las fórmulas (texturas que no blanquean, filtros adecuados).
Las revisiones dermatológicas siguen siendo importantes para todos los tonos de piel, especialmente en caso de lunares numerosos o atípicos.
La exposición a los rayos UVB aumenta significativamente con la altitud.
Por cada tramo de 1 000 metros de altitud, la intensidad de los rayos UVB puede aumentar entre un 10 % y un 12 % (atmósfera menos densa, menor filtración).
En la montaña o a gran altitud, el reflejo sobre la nieve amplifica aún más la exposición (la nieve fresca puede reflejar hasta un 80 % de los rayos UV).
Refuerza siempre la protección solar en altitud: SPF 50+, gafas de categoría 4 en los glaciares, ropa que cubra bien, sombrero y bálsamo labial protector.
Las lámparas de bronceado emiten principalmente rayos UVA, pero también rayos UVB según el modelo.
El Centro Internacional de Investigaciones sobre el Cáncer (CIIC, OMS) clasifica los rayos UV de las cabinas de bronceado como carcinógenos seguros para el ser humano (grupo 1), al igual que el tabaco o el amianto.
Las autoridades sanitarias francesas (ANSM, INCa) desaconsejan encarecidamente el uso de las cabinas de bronceado, especialmente antes de los 30 años y en personas de piel clara, debido al aumento documentado del riesgo de melanoma.
Para conseguir un bronceado sin riesgos, opta por los autobronceadores cosméticos (DHA) o por un tratamiento hidratante para después del sol que prolongue el bronceado obtenido con precaución.