La fibra capilar está compuesta en un 95 % por queratina, una proteína fibrosa rica en cisteína (un aminoácido que contiene azufre) unida por puentes disulfuro que aportan resistencia y elasticidad al tallo capilar. Los tratamientos fortificantes para el cabello actúan en dos niveles: la nutrición del bulbo piloso y la reparación o el fortalecimiento del tallo queratinizado. Las carencias nutricionales más frecuentes que contribuyen a la fragilidad y la caída del cabello son:
Se recomienda sistemáticamente realizar un análisis biológico (ferritina, zinc, TSH, vitamina D) en caso de caída persistente antes de iniciar un tratamiento fortificante.
Las fórmulas completas para el cabello y las uñas (Forcapil, Pro Keracys, Prescription Nature Capillaire) combinan biotina en dosis elevadas (de 2 500 a 10 000 µg), cistina, metionina, zinc, sílice y vitamina B5, una sinergia que cubre todas las necesidades nutricionales de la fibra capilar. El colágeno marino (hidrolizado de tipo I y III, glicina-prolina-hidroxiprolina) aporta los precursores estructurales de la matriz dérmica perifolicular, lo que refuerza la solidez del bulbo piloso y la densidad del cabello. Estos complementos se utilizan en curas de al menos 3 meses: el ciclo de crecimiento capilar (de 2 a 6 años) exige una paciencia imprescindible para apreciar el efecto en el tallo capilar.
Los champús fortificantes y aceleradores del crecimiento combinan principios activos que favorecen la microcirculación (niacinamida, cafeína, quinina), que estimulan la vascularización perifolicular, y principios activos que refuerzan el tallo capilar (queratina hidrolizada, ceramidas, colágeno). Los elixires concentrados sin aclarado (Forcapil Elixir de Crecimiento) maximizan el tiempo de contacto de los principios activos con los folículos. El aceite de ricino ecológico (ácido ricinoleico, omega-9) es el tratamiento básico clásico para el crecimiento del cabello: nutre la vaina folicular, mejora la microcirculación local y refuerza los tallos frágiles mediante oclusión. Se aplica puro sobre el cuero cabelludo (masaje de 5 a 10 minutos, se deja actuar una hora o toda la noche antes del champú).
El cabello y las uñas comparten la misma matriz proteica (queratina) y las mismas necesidades nutricionales; por eso, las fórmulas completas (Forcapil, Mium Lab Cabello y Uñas) los combinan sistemáticamente. La N-acetilcisteína (NAC) es un precursor directo de la cisteína, lo que aumenta su disponibilidad intracelular para la biosíntesis de la queratina capilar y ungueal. En el caso concreto de las uñas quebradizas, la combinación de biotina, sílice y calcio es la más documentada. Por lo tanto, fortalecer las uñas quebradizas y fortalecer el cabello responden a las mismas estrategias nutricionales: una sola cura cubre ambos objetivos.
La eficacia de una cura fortificante se basa en la regularidad y la complementariedad de los enfoques. Combinar un complemento alimenticio completo (biotina + cistina + zinc) con un champú fortificante activo (niacinamida + proteínas) y un tratamiento sin aclarado o un aceite de fondo (ricino, jojoba) crea una sinergia de acción en los tres niveles de la fibra capilar: el bulbo (nutrición), el tallo (fortalecimiento estructural) y la superficie cuticular (protección). Evitar las agresiones térmicas (planchas alisadoras sin protector térmico) y químicas (decoloraciones repetidas) durante el tratamiento maximiza los resultados. El champú redensificante (ANP2, hialurónico, cafeína) es un complemento adecuado para el cabello fino y ralo: mejora la densidad óptica mientras que los complementos alimenticios actúan sobre la estructura a largo plazo. Los resultados visibles en el tallo capilar aparecen, como muy pronto, al cabo de 3 meses, a veces al cabo de 6 meses; la paciencia es la condición indispensable para el éxito de un tratamiento fortificante.