Para un bronceado más seguro, es mejor elegir las horas en las que la intensidad de los rayos UV es más moderada: antes de las 11:00 o después de las 16:00 en verano.
Evita la exposición directa entre las 12:00 y las 16:00, momento en el que los rayos UV son más intensos y en el que aumentan considerablemente los riesgos de quemaduras solares, fotoenvejecimiento y cáncer de piel.
Adapta tu exposición a tu fototipo, a la altitud, a la latitud y al índice UV del día (que puedes consultar en las aplicaciones meteorológicas).
Opta por una exposición gradual y moderada en lugar de una exposición prolongada, que es más peligrosa a corto y largo plazo.
Elegir una protección solar adecuada es fundamental para broncearse y minimizar los daños cutáneos.
Opta por un FPS 30 como mínimo, o idealmente un FPS 50 para pieles claras, niños o exposiciones prolongadas; comprueba que aparezca el logotipo de UVA encerrado en un círculo (protección de amplio espectro).
Para las pieles sensibles, da prioridad a fórmulas sin perfume, hipoalergénicas y adecuadas para la zona (rostro, cuerpo).
Vuelve a aplicar la crema solar cada dos horas y siempre después de cada baño, sudoración intensa o secado con toalla.
El autobronceador sigue siendo el método más seguro para conseguir un tono bronceado sin exponerse a los rayos UV.
Disponibles en lociones, espumas, sprays, sérums o gotas para mezclar, suelen contener DHA (dihidroxiacetona), que tiñe temporalmente la capa superficial de la piel.
Para un resultado uniforme: exfolia la piel antes de la aplicación, extiende el producto en capas finas, no te centres demasiado en las zonas secas (rodillas, codos, tobillos) y lávate las manos inmediatamente después.
El bronceado suele durar entre 5 y 7 días y se va atenuando con la renovación cutánea natural.
Varias vitaminas contribuyen visiblemente a la belleza del cutis:
El retinol (forma cosmética de la vitamina A) es fotosensibilizante: aplícalo solo por la noche y utiliza un protector solar con un FPS mínimo de 30 al día siguiente.
Hay varios errores frecuentes que comprometen el brillo del tono bronceado natural y la salud de la piel:
Para conseguir un bronceado de calidad, existen varios métodos complementarios:
Recordatorio: el bronceado es un mecanismo de defensa de la piel frente a los rayos UV, no un signo de buena salud en sí mismo.
Mantener un tono bronceado en otoño e invierno es posible con un enfoque coherente.
Utiliza lociones o cremas autobronceadoras progresivas una o dos veces por semana para mantener el bronceado.
Adopta una dieta rica en carotenoides: zanahorias, boniatos, espinacas, mangos, albaricoques y melón, que pueden dar un ligero tono a la piel y potenciar su brillo natural.
La hidratación es fundamental: bebe suficiente agua a diario, utiliza productos hidratantes para el rostro y el cuerpo, y realiza una exfoliación suave una vez a la semana para mantener un tono uniforme.
El bronceado en cabina, conocido como « bronceado artificial », expone la piel a rayos UV intensos (principalmente rayos UV), a menudo superiores a los del sol natural.
El Centro Internacional de Investigaciones sobre el Cáncer (CIIC, OMS) clasifica los rayos UV de las cabinas de bronceado como carcinógenos seguros para el ser humano (grupo 1), al igual que el tabaco o el amianto.
Las autoridades sanitarias francesas (ANSM, INCa) desaconsejan encarecidamente su uso, especialmente antes de los 30 años y en personas de piel clara, debido al aumento documentado del riesgo de melanoma.
Para conseguir un bronceado sin riesgos, opta por los autobronceadores cosméticos (DHA) o por un bronceado progresivo y protegido al aire libre.
Existen varios métodos naturales que pueden favorecer un tono de piel bronceado, siempre que se integren adecuadamente en una rutina segura.
En cuanto a la alimentación: los alimentos ricos en betacaroteno (zanahorias, boniatos, albaricoques) y en licopeno (tomate, sandía), consumidos unos diez días antes de la exposición, pueden dar un ligero tono a la piel.
NUNCA apliques aceites vegetales (de coco, de zanahoria, monoi tradicional sin SPF) directamente antes o durante la exposición al sol: existe riesgo de efecto lupa, fotosensibilización y quemaduras solares más intensas.
Sin embargo, los aceites vegetales sí pueden utilizarse después de la exposición, como tratamiento reparador, para nutrir y calmar la piel.
La protección cutánea es la prioridad absoluta para broncearse de forma saludable y duradera.
Aplica sistemáticamente una crema solar de amplio espectro (SPF 30 como mínimo), un sombrero de ala ancha, gafas con protección UV 400 y ropa que cubra bien durante las horas de más calor.
Para los niños: SPF 50 pediátrico y ropa con protección UV. Para los bebés menores de 6 meses: ninguna exposición directa al sol.
Después de la exposición, nutre tu piel con un after-sun hidratante con aloe vera o manteca de karité; se recomienda una revisión dermatológica periódica en caso de piel clara, antecedentes o numerosos lunares.