Un autobronceador es un producto cosmético diseñado para dar a la piel un aspecto bronceado sin exponerse a los rayos UV del sol. Suele contener dihidroxiacetona (DHA), un ingrediente activo que reacciona con las células muertas de la superficie de la piel para producir un cambio de color temporal. Esta reacción crea un bronceado que dura varios días antes de desaparecer progresivamente al ritmo de la renovación celular natural.
Una preparación cuidadosa de la piel influye directamente en la calidad del resultado final.
Empieza por exfoliar la piel para eliminar las células muertas y facilitar una aplicación perfectamente uniforme.
Presta especial atención a las zonas más ásperas (rodillas, codos, tobillos, talones), que tienden a retener más producto y a crear manchas más oscuras.
A continuación, hidrata las zonas secas varias horas antes de la aplicación para limitar las zonas de absorción desigual; para preparar aún mejor la piel, echa un vistazo a nuestra sección de productos preparadores solares.
Para una aplicación homogénea, realiza movimientos circulares subiendo desde las piernas hacia el torso.
Utiliza un guante de aplicación específico para evitar manchar las palmas de las manos, algo que resulta especialmente visible y difícil de corregir.
En el rostro, mezcla el autobronceador con una pequeña cantidad de crema hidratante para conseguir un acabado más natural y gradual.
Difumina cuidadosamente las zonas de transición (tobillos, muñecas, cuello, contorno del rostro) para evitar cualquier marca visible.
Espera al menos entre 4 y 8 horas después de aplicar el autobronceador antes de ducharte.
Este tiempo permite que la DHA reaccione plenamente con las células superficiales de la piel y desarrolle toda su intensidad.
Durante este tiempo, evita cualquier actividad física intensa que provoque sudoración, así como la ropa ajustada que pueda dejar marcas en la piel aún fresca.
Evita también los jabones agresivos o exfoliantes para no alterar prematuramente el desarrollo del color.
Para conservar tu bronceado durante mucho tiempo, hidrata tu piel a diario con una loción nutritiva o una leche corporal adecuada.
Evita las exfoliaciones mecánicas y químicas, que aceleran considerablemente la desaparición del color al eliminar las células pigmentadas.
Opta por duchas tibias y breves en lugar de baños calientes prolongados, que resecan la piel y acortan la duración del bronceado.
Una buena hidratación interna (agua, infusiones) también contribuye a preservar la flexibilidad y el brillo de la piel bronceada.
El autobronceador presenta varias ventajas decisivas frente al bronceado inducido por los rayos UV.
Ofrece una forma rápida y segura de conseguir un bronceado, sin los riesgos asociados a la exposición a los rayos UV: envejecimiento prematuro, manchas pigmentarias y cánceres de piel.
Permite controlar con precisiónla intensidad y la uniformidad del bronceado, a diferencia de las variaciones impredecibles de la exposición solar.
Se puede utilizar durante todo el año y proporciona un tono bronceado incluso en invierno o en el caso de las pieles que no toleran bien el sol.
El uso de un autobronceador en el rostro es totalmente posible, siempre que se elija una fórmula adecuada para esta zona más sensible.
Actualmente existen productos desarrollados específicamente para la piel del rostro, más fina y más sensible que la del cuerpo.
Para conseguir un efecto natural y progresivo, mezcla unas gotas de autobronceador con tu crema hidratante diaria, empezando por una concentración baja.
Evita las zonas con vello (cejas, contorno de la boca) y lávate bien las manos después de la aplicación.
Existen varias formulaciones deautobronceadores, cada una de ellas adaptada a usos y preferencias específicos:
Cada formato tiene sus ventajas; la elección depende de tu tipo de piel, de la facilidad de aplicación que busques y dela intensidad del bronceado deseado. Para ver la selección completa, echa un vistazo a nuestra sección de autobronceadores.
Sí, es posible aplicar un autobronceador en una piel con acné o sensible, siempre que se tomen algunas precauciones esenciales.
Opta por fórmulas sin aceite, no comedogénicas y testadas dermatológicamente para reducir el riesgo de obstrucción de los poros y de agravamiento de las imperfecciones.
Realiza siempre una prueba cutánea en una zona pequeña (el pliegue del codo) entre 24 y 48 horas antes de la aplicación completa, para detectar cualquier reacción alérgica.
Algunos autobronceadores contienen principios activos calmantes formulados específicamente para pieles reactivas; en caso de acné moderado a grave, consulta a un dermatólogo.
Rayas, manchas o color desigual: que no cunda el pánico, existen varias soluciones suaves para subsanar una aplicación fallida.
Utiliza un exfoliante corporal suave en las zonas más marcadas para difuminar progresivamente las líneas de demarcación, frotando con suavidad.
Para correcciones localizadas, una toallita húmeda o un desmaquillante bifásico aplicado con un disco de algodón ayuda a atenuar las manchas sin dañar la piel.
Evita las soluciones agresivas, como el alcohol puro o el zumo de limón, en la piel sensible, ya que pueden provocar irritaciones y fotosensibilización; pide consejo a tu farmacéutico si es necesario.
Para reequilibrar el conjunto, también puedes aplicar una fina capa de autobronceador únicamente en las zonas más claras.
Las manos y los pies suelen delatar una aplicación descuidada del autobronceador por su coloración excesiva.
Para evitar este problema:
Espera a que el autobronceador se haya secado y desarrollado por completo antes de aplicar el protector solar; por lo general, entre 4 y 8 horas como mínimo.
La aplicación de un protector solar sigue siendo imprescindible incluso en la piel autobronceada: el color de la DHA no ofrece ninguna protección contra los rayos UV.
Elige un protector solar de amplio espectro con un SPF de al menos 30, idealmente 50 para pieles claras o exposiciones prolongadas; echa un vistazo a nuestra sección de alta protección SPF50.
Renueva el protector solar cada dos horas y después de cada baño, como harías con cualquier exposición habitual.