Las pipetas spot-on son soluciones líquidas concentradas que se aplican directamente sobre la piel del animal en uno o varios puntos concretos (nuca, base del cráneo, espacio interescapular). El principio activo se difunde por capilaridad a través del sebo cutáneo y se distribuye por toda la superficie corporal en un plazo de 24 a 48 horas. El fipronil (fenilpirazol, que bloquea los canales de cloro de los insectos y arácnidos) actúa contra las pulgas y las garrapatas. El imidacloprid (neonicotinoide) actúa específicamente contra las pulgas adultas. La permetrina (piretrinoide sintético), que a menudo se combina con el fipronil para perros, amplía el espectro de acción a los mosquitos y los flebotomos, pero está totalmente contraindicada en gatos, cuyo metabolismo no puede metabolizarla. Un tratamiento eficazcontra las pulgas siempre debe actuar tanto sobre el animal como sobre su entorno.
Una aplicación bien realizada garantiza la eficacia del tratamiento y la seguridad del animal:
En el caso de los gatos, es imprescindible comprobar que la pipeta esté homologada para esta especie: una pipeta con permetrina destinada a perros puede resultar mortal para un gato. Las pipetas para gatitos (antigarrapatas y antipulgas) están disponibles en fórmulas adaptadas al peso a partir de las 8 semanas.
La mayoría de las pipetas ofrecen una protección de entre 4 y 8 semanas, dependiendo del principio activo. En épocas de fuerte infestación (primavera-otoño), una aplicación mensual mantiene una protección continua. Se recomienda alternar las familias químicas (fipronil un mes, imidacloprid al siguiente) para limitar el desarrollo de resistencias; en Europa se han documentado poblaciones de pulgas con resistencia parcial al fipronil. Es imprescindible tratar el entorno (lecho, sofás, coche) con un spray a base de metopreno o piriproxifeno: el 95 % de las pulgas no se encuentran en el animal, sino en su entorno. Los antiparasitarios forman parte de un protocolo de salud integral que debe definirse junto con el veterinario.
Algunas pipetas están autorizadas para conejos (imidacloprid) y hurones (fipronil + s-metoprina). Los conejos son especialmente sensibles a numerosos insecticidas; no se les debe aplicar ninguna pipeta que contenga permetrina o piretroides. La sarna del conejo (Cheyletiella parasitovorax, muy contagiosa) y las pulgas del gato (que pueden infestar a los conejos en interiores) son los dos parásitos cutáneos más frecuentes. En el hurón, las garrapatas y las pulgas son los principales ectoparásitos; existen pipetas adaptadas a su peso, pero su disponibilidad es menor. Es imprescindible el seguimiento veterinario para estas especies, cuyos protocolos antiparasitarios están menos estandarizados. Un buen control antiparasitario también complementa la protección contra las picaduras de mosquitos, vectores de la leishmaniosis en las regiones de riesgo.
El spot-on trata los ectoparásitos, pero no protege contra los endoparásitos (gusanos intestinales, tenias). Es imprescindible complementarlo con un tratamiento antiparasitario regular: cada tres meses para un perro adulto y cada mes para un cachorro o una gata lactante. Se pueden combinar enfoques naturales sin sustituir el tratamiento convencional: el aceite de neem (azadiractina, repelente natural), el geranio de Borbón diluido en el collar o la tierra de diatomeas en el entorno reducen la carga parasitaria. Estos métodos por sí solos no son suficientes en zonas de alto riesgo.
La consulta al veterinario es imprescindible en varias situaciones: cachorros de perro o gato de corta edad (los umbrales de peso y edad varían según los productos), animales bajo tratamiento farmacológico (riesgo de interacciones), conejos o hurones, cuyos protocolos están menos estandarizados; zonas geográficas con riesgo de leishmaniosis o enfermedad de Lyme (protocolos reforzados); o ineficacia constatada del tratamiento actual (pulgas persistentes a pesar de una aplicación correcta). Tras detectar la picadura de una garrapata, hay que retirar el ectoparásito con un extractor de garrapatas en un plazo de 24 horas y vigilar al animal durante varias semanas para detectar cualquier signo de enfermedad transmitida por vectores. El veterinario adapta el protocolo antiparasitario al estilo de vida, al entorno y al estado de salud específico de cada animal.