Los ojos sensibles presentan síntomas corneoconjuntivales —enrojecimiento, picor, lagrimeo, sensación de cuerpo extraño, fotofobia— cuyas causas suelen ser combinadas. La sequedad ocular (película lagrimal inestable, TBUT < 10 segundos) es la más frecuente. La fatiga digital se debe a la reducción del parpadeo (de 12 a 5 veces por minuto frente a una pantalla) y a la exposición a la luz azul HEV (415-455 nm). Los alérgenos ambientales provocan una reacción mediada por IgE en la conjuntiva. Por último, el cloruro de benzalconio presente en los colirios puede provocar queratitis de contacto en los usuarios habituales de colirios. Cada mecanismo requiere una respuesta específica.
La luteína y la zeaxantina son los únicos carotenoides presentes en la mácula y el cristalino humanos; allí forman el pigmento macular (DMOP), que filtra físicamente las longitudes de onda azules y neutraliza los radicales libres generados por la fotooxidación. Una suplementación de 10 mg/día de luteína + 2 mg/día de zeaxantina durante 6 meses aumenta significativamente la densidad del DMOP y reduce el deslumbramiento y la fotofobia en varios estudios aleatorizados, lo cual resulta relevante para los ojos sensibles a la luz de las pantallas y a los rayos UV.
La vitamina A (retinol) regula la diferenciación de las células caliciformes conjuntivales que producen la mucina (capa mucosa de la película lagrimal). Su carencia provoca una metaplasia escamosa conjuntival que debilita el epitelio corneal y aumenta su sensibilidad a los irritantes. Una carencia subclínica —frecuente en dietas pobres en productos de origen animal o en verduras de color naranja y verde— puede agravar la sensibilidad ocular sin síntomas sistémicos evidentes. Se ha documentado que una suplementación de 5 000 UI al día restaura la función mucínica.
Los antocianósidos del arándano (Vaccinium myrtillus, extracto estandarizado al 25 %, 160-320 mg/día) mejoran la microcirculación coroidea al reforzar la pared de los capilares perimaculares. Asimismo, inhiben la fosfodiesterasa en los fotorreceptores, lo que acelera la regeneración de la rodopsina tras una exposición intensa a la luz —algo relevante para los ojos sensibles al deslumbramiento—. Su efecto sobre el confort visual está clínicamente documentado, con una reducción de la fatiga ocular tras un esfuerzo visual prolongado.
La regla 20-20-20 es la medida preventiva de referencia: cada 20 minutos, mirar un objeto situado a 6 metros durante 20 segundos para restablecer un parpadeo completo. Las lágrimas artificiales sin conservantes (monodosis de AH) aplicadas cada 2 a 4 horas estabilizan la película lagrimal. Los filtros de luz azul (lentes anti-HEV, aplicaciones Night Shift) reducen la exposición espectral nociva. Una humedad relativa del 40-60 % en los espacios con aire acondicionado previene la evaporación acelerada de la película lagrimal. En cuanto ala agudeza visual, una revisión oftalmológica anual permite detectar las ametropías subyacentes que agravan la sensibilidad.
Para los ojos sensibles, las lágrimas artificiales sin conservantes (monodosis estériles a base de ácido hialurónico, CMC o carbómero) son preferibles a los frascos multidosis con cloruro de benzalconio (BKC). El BKC —conservante presente en la mayoría de los colirios multidosis— puede provocar queratitis superficial y agravar la sequedad en usuarios frecuentes (> 4 aplicaciones al día). Las lágrimas de AH de alto peso molecular (> 1 MDa) ofrecen una viscosidad y una persistencia superiores, lo que estabiliza la película lagrimal durante más tiempo. Para los usuarios de lentes de contacto, solo las lágrimas etiquetadas como «compatibles con lentes de contacto» no presentan riesgo de dejar residuos en las superficies blandas.