¿Qué es una lesión cutánea?
En dermatología, una lesión cutánea es cualquier alteración visible o palpable del aspecto normal de la piel. El término es neutro: una lesión puede ser benigna (acné, lunar común, eccema) o requerir una exploración médica (lesión sospechosa de cáncer, infección grave). Aprender a nombrar y clasificar las lesiones resulta útil tanto para describir lo que se observa al médico, como para seguir la evolución de una afección y para detectar rápidamente cualquier signo de alerta. La dermatología clásica distingue varias categorías principales, agrupadas en lesiones primarias (aparición inicial) y secundarias (evolución de una lesión primaria).
¿Cómo clasificarlas en lesiones primarias y secundarias?
Esta clasificación dermatológica estructura el diagnóstico:
- Lesiones primarias: presentes desde el principio, reflejan directamente la alteración patológica (máculas, pápulas, vesículas, ampollas, nódulos, pústulas);
- Lesiones secundarias: aparecen como evolución de una lesión primaria o por fenómenos asociados (costras, erosiones, ulceraciones, atrofia, liquenificación, cicatrices);
- Una misma afección puede presentar varios tipos simultáneamente: es el caso, por ejemplo, de la psoriasis, que presenta una placa eritematosa y escamosa (combinación de varias lesiones);
- La topografía (cara, pliegues, palmas de las manos, cuero cabelludo), la cronología yla evolución completan la descripción para orientar el diagnóstico.
¿Cuáles son las principales lesiones primarias?
Las seis grandes categorías que hay que recordar:
- Mácula: alteración del color sin relieve ni infiltración. Ejemplos: manchas de café con leche, pecas, manchas seniles;
- Pápula: pequeña elevación sólida de menos de 1 cm. Ejemplos: lesión de eccema incipiente, verruga plana;
- Vesícula: elevación que contiene un líquido claro, de menos de 5 mm. Ejemplo: herpes labial, varicela;
- Bola: vesícula de gran tamaño (más de 5 mm). Ejemplo: quemadura solar grave, penfigoide;
- Pústula: elevación que contiene un líquido turbio o purulento. Ejemplo: acné inflamatorio, foliculitis;
- Nódulo: lesión firme y palpable, más profunda que la pápula. Ejemplo: quiste sebáceo, lipoma, eritema nodoso;
- Placa: elevación plana de más de 1 cm. Ejemplo: psoriasis, eccema crónico.
¿Qué son las lesiones secundarias?
Son indicativas de la evolución o la cicatrización:
- Escama: acumulación visible de células córneas que se desprenden. Ejemplo: psoriasis, pitiriasis;
- Cóstra: depósito seco formado por exudación y coagulación tras una herida o una vesícula rota;
- Erosión: pérdida de sustancia superficial limitada a la epidermis, que cicatriza sin dejar marca;
- Ulceración: pérdida de tejido más profunda, que alcanza la dermis, y deja una cicatriz;
- Grieta: hendidura lineal en la piel (talones, manos muy secas);
- Atrofia: adelgazamiento de la epidermis o de la dermis (estrías maduras, piel tratada con corticoides);
- Liquenificación: engrosamiento cuadriculado de la piel debido al rascado crónico;
- Cicatriz: tejido de reparación definitivo que sustituye al tejido lesionado.
¿Cómo identificar una lesión sospechosa?
La regla ABCDE es la herramienta pedagógica de referencia para detectar lesiones pigmentadas sospechosas:
- A — Asimetría: ¿se puede doblar la lesión por la mitad de forma simétrica? La asimetría es motivo de sospecha;
- B — Bordes: irregulares, dentados, mal delimitados = hay que explorarlos;
- C — Color: presencia de varios tonos (marrón, negro, rojo, blanco, azul) en una misma lesión;
- D — Diámetro: superior a 6 mm, especialmente si la aparición es reciente;
- E — Evolución: cambios a lo largo del tiempo (tamaño, forma, color, picor, sangrado); este es el criterio más importante.
Esta regla no sustituye a la exploración dermatológica, pero ayuda ala autovigilancia. Cualquier lesión que cumpla uno o varios de estos criterios merece una consulta dermatológica sin demora.
¿Qué pruebas permiten un diagnóstico preciso?
El dermatólogo dispone de varias herramientas de exploración:
- Examen clínico directo, a simple vista y con lupa;
- Dermatoscopia: examen con un aparato de aumento y iluminación, imprescindible para las lesiones pigmentadas;
- Biopsia cutánea: extracción de tejido bajo anestesia local para su examen histológico al microscopio;
- Pruebas de parche: detección de alérgenos de contacto en caso de sospecha dealergia cutánea;
- Muestras micológicas, bacteriológicas o virales en caso de sospecha de infección;
- Análisis de sangre en determinados contextos (enfermedades autoinmunes, proceso inflamatorio sistémico);
- Técnicas de imagen (ecografía cutánea de alta frecuencia, resonancia magnética) para lesiones profundas;
- Seguimiento fotográfico digital de las lesiones que requieren vigilancia —especialmente útil para personas con numerosos lunares—.
¿Cuándo hay que acudir a urgencias?
Hay varias situaciones que requieren atención médica rápida o inmediata:
- Lesión pigmentada nueva o que evoluciona (criterios ABCDE positivos);
- Herida que no cicatriza al cabo de 4 a 6 semanas;
- Lesión que sangra espontáneamente, supura o se ulcera;
- Ampollas o desprendimiento cutáneo extenso (sospecha de reacción alérgica grave a medicamentos: síndrome de Stevens-Johnson, síndrome de Lyell);
- Lesión en forma de escarapela extensa con afectación de las mucosas;
- Erupción generalizada + fiebre + alteración del estado general;
- Afectación de los párpados, los genitales o los pliegues cutáneos;
- Cualquier manifestación sistémica (urticaria generalizada, edema facial, dificultad respiratoria, malestar): urgencia vital, 15 o 112.
¿Cómo vigilar la piel a diario?
- Autoexamen mensual de toda la piel, a ser posible después de la ducha, frente a un espejo grande y con un espejo de mano para las zonas ocultas (espalda, pliegues, cuero cabelludo, pies);
- Fotografiar los lunares numerosos o atípicos para seguir su evolución;
- Protección solar diaria con SPF 50, evitar la exposición entre las 10:00 y las 16:00, y llevar ropa protectora;
- No acudir a cabinas de rayos UV (sustancia cancerígena clasificada en el Grupo 1 por la IARC);
- Revisión dermatológica anual para personas con fototipo claro, antecedentes personales o familiares, o con numerosos lunares;
- Rutina de cuidados que respete la barrera cutánea: limpieza suave, hidratación y alimentación equilibrada rica en antioxidantes;
- Control del estrés, que puede agravar numerosas dermatosis crónicas;
- Consultar siempre a un médico ante cualquier lesión que suscite preocupación, por pequeña que sea.