Los equinos presentan una fisiología particular que genera vulnerabilidades propias de la especie. El tracto digestivo del caballo es un fermentador posterior de gran tamaño (ciego y colon de 100 litros) con un estómago de solo 15 a 20 litros; este desequilibrio exige un tránsito continuo y raciones fraccionadas. Las úlceras gástricas afectan a más del 60 % de los caballos de competición (SUGE, síndrome de úlceras gástricas equinas): el estrés, una ración pobre en forraje y el entrenamiento intenso aumentan la producción de ácido clorhídrico sin una neutralización suficiente. El sistema respiratorio se ve muy sometido al esfuerzo y es sensible a los alérgenos del establo (polvo, esporas fúngicas, endotoxinas). Los problemas respiratorios equinos —desde la simple tos hasta la RAO (obstrucción recurrente de las vías respiratorias)— requieren una gestión ambiental y nutricional rigurosa.
Existen tres enfoques complementarios que permiten reducir la presión respiratoria en el establo:
La menta piperita (mentol, mentona) y el pino silvestre (α-pineno, limoneno) son los dos aceites esenciales más utilizados en las fórmulas balsámicas para caballos por su acción descongestionante y expectorante.
Los probióticos equinos (principalmente Saccharomyces cerevisiae, levadura viva) estabilizan la flora del intestino grueso durante las transiciones alimentarias (cambio de forraje, introducción de cereales, primavera), los tratamientos con antibióticos y los periodos de estrés. La levadura viva mejora la digestibilidad de la fibra y reduce las fluctuaciones del pH cecal que pueden desencadenar acidosis y laminitis. La alholva (Trigonella foenum-graecum, saponinas y alcaloides) se utiliza en fitoterapia equina como tónico digestivo y estimulante del apetito en caballos convalecientes o con pérdida de forma física; su sabor ligeramente dulce es muy apreciado por los equinos.
La prevención de las úlceras gástricas se basa en varios factores complementarios. El aporte continuo de forraje (heno en red ad libitum) mantiene el efecto protector mecánico de la fibra frente a la acidez. Los complementos para la protección de la mucosa (pectinas cítricas y sedosas, calcio, magnesio, aceite vegetal) forman una película protectora sobre la mucosa gástrica. Nunca se debe practicar deporte en ayunas: la ración de heno 30 minutos antes del esfuerzo amortigua el ácido clorhídrico que incide sobre la mucosa dorsal no glandular durante la carrera. Los omega-6 (semillas de lino, aceite de colza) contribuyen a la integridad de la mucosa digestiva gracias a su función estructural en los fosfolípidos de las membranas de las células epiteliales.
El esfuerzo intenso genera en el caballo una producción masiva de radicales libres (estrés oxidativo), especialmente en los músculos y los pulmones. La vitamina E (tocoferol), el selenio (cofactor de la glutatión peroxidasa) y la vitamina C favorecen la renovación antioxidante indispensable para la recuperación muscular. El resveratrol (polifenol de la uva, estilbeno) es un potente antioxidante que se incluye cada vez más en las fórmulas de suplementos para caballos: inhibe la activación del NF-κB (un importante factor proinflamatorio) y mejora la recuperación tras el esfuerzo. También se está investigando por sus efectos sobre la longevidad celular de los caballos de edad avanzada.