La emotividad se refiere a la propensión de una persona a reaccionar de forma intensa y visible ante estímulos emocionales —alegría, tristeza, ira o miedo— expresados con una intensidad superior a la media. Aunque la emotividad es, en parte, un rasgo estable de la personalidad, su intensidad varía significativamente en función del estado fisiológico del momento: el cansancio, el estrés crónico, las fluctuaciones hormonales (ciclo menstrual, perimenopausia, posparto) y las carencias nutricionales amplifican temporalmente la reactividad emocional. Desde el punto de vista neurológico, la emotividad está relacionada con la sensibilidad de la amígdala cerebral (centro de procesamiento rápido de las emociones), junto con una regulación más o menos eficaz por parte de la corteza prefrontal. Cuando esta regulación prefrontal se ve debilitada por el estrés o la fatiga, las reacciones emocionales se vuelven más intensas y más difíciles de modular: se trata de la hiperemotividad reactiva, distinta de la emotividad de una personalidad estable.
Varios factores fisiológicos amplifican puntualmente la reactividad emocional, independientemente del temperamento de base:
El bisglicinato de magnesio (300 mg/día) es la primera carencia que hay que corregir en caso de hiperexcitabilidad emocional reactiva: como cofactor de la síntesis del GABA, reduce la hiperexcitabilidad neuronal que potencia las reacciones emocionales. La griffonia (5-HTP —precursor de la serotonina—) favorece la estabilidad emocional y reduce las variaciones desproporcionadas del estado de ánimo —contraindicación absoluta con los ISRS, los IRSN, el tramadol y la hierba de San Juan—. La valeriana (EMA: uso bien establecido) alivia las tensiones nerviosas subyacentes a la hiperemotividad. La meditación de plena conciencia refuerza de forma duradera el control prefrontal sobre la amígdala, reduciendo la intensidad de las reacciones emocionales a largo plazo —efectos medibles tras 8 semanas de práctica regular—. La relajación y la coherencia cardíaca permiten un alivio rápido en situaciones de desbordamiento emocional. Estos enfoques favorecen una emotividad funcional; una hiperemotividad grave, persistente o asociada a un malestar importante justifica una consulta médica o psicológica.