Los collares repelentes antiparasitarios liberan de forma continua un principio activo a partir de una matriz polimérica impregnada. A diferencia de las pipetas «spot-on» (aplicación puntual), el collar garantiza una protección continua durante todo el tiempo que se lleva puesto: de 1 a 3 meses para las fórmulas con aceites esenciales, y de 4 a 8 meses para los collares con insecticidas sintéticos (deltametrina, flumetrina, propoxur). La liberación se produce por vía transcutánea y mediante vapores repelentes al contacto directo. La zona de la cabeza, el cuello y los hombros disfruta de una protección reforzada, lo que la convierte en el complemento ideal de las pipetas «spot-on», que cubren mejor la parte trasera del cuerpo. De este modo, los parásitos externos, como las pulgas y las garrapatas, son repelidos o eliminados en cuanto intentan instalarse en el animal.
La leishmaniosis canina es transmitida por los flebotomos (pequeños dípteros activos al atardecer) en el sur de Francia y en la cuenca mediterránea. El único collar que cuenta con una autorización de comercialización específica para la protección contra los flebotomos es el collar con deltametrina (duración de 6 meses); su eficacia se basa en su acción repelente e insecticida rápida al contacto, lo que reduce significativamente las picaduras. Para los perros que viven o viajan a zonas endémicas (Var, Alpes Marítimos, Languedoc, Córcega, España), se recomienda encarecidamente su uso como complemento de la vacuna contra la leishmaniosis. Los collares con aceites esenciales naturales no ofrecen una protección suficiente contra este vector específico.
La elección depende del perfil de riesgo y de las preferencias en cuanto al cuidado:
Para los parásitos comunes en zonas no endémicas, los collares naturales constituyen una opción válida, siempre que se renueven con regularidad. Para los perros de caza o que vivan en zonas boscosas de alto riesgo, un collar sintético de amplio espectro sigue siendo la opción más segura.
Un collar mal utilizado puede resultar ineficaz o peligroso. Debe ajustarse dejando un espacio de dos dedos entre el collar y la piel: ni demasiado apretado (riesgo de irritación cutánea y alopecia de contacto), ni demasiado suelto (difusión insuficiente). Nunca cortes el collar, ya que esto altera la matriz y reduce la duración de la protección. Lavar al animal con un champú desengrasante puede acelerar la pérdida del principio activo. Nunca coloques un collar antiparasitario para perros a un gato sin comprobarlo previamente: algunas fórmulas (permetrina, propoxur) son tóxicas para los gatos incluso por contacto indirecto. Los parásitos internos no están cubiertos: sigue siendo imprescindible un vermífugo complementario para una protección completa.
La combinación de collar y pipeta spot-on ofrece la protección antiparasitaria más completa. El collar garantiza una protección continua de la zona de la cabeza, el cuello y los hombros, y mantiene una presión repelente constante entre dos aplicaciones de la pipeta. La pipeta cubre mejor la parte trasera del cuerpo y ofrece una acción rápida tras su aplicación. Esta combinación está especialmente recomendada en épocas de alta incidencia de parásitos (de mayo a octubre) y para animales muy expuestos. La complementación con un tratamiento contra los gusanos intestinales (que a veces se transmiten a través de las pulgas ingeridas durante el acicalamiento) completa este protocolo global.
Los collares repelentes, incluso los más eficaces, presentan limitaciones que es importante conocer. Su protección se concentra localmente alrededor de la zona donde se lleva puesto: un perro que se baña con regularidad o cuyo pelaje es muy espeso puede sufrir una difusión reducida del producto. En caso de infestación confirmada ya establecida en el entorno (larvas y huevos de pulgas en la cama, las alfombras o los sofás), el collar por sí solo no bastará para eliminar la colonia; es imprescindible realizar, paralelamente, un tratamiento insecticida del entorno. En zonas con una endemicidad muy elevada de leishmaniosis, algunos veterinarios recomiendan combinar el collar de deltametrina, una pipeta spot-on contra la leishmaniosis y la vacunación para lograr la máxima protección. La parasitosis siempre debe tratarse bajo el consejo de un veterinario, que adaptará el protocolo a las circunstancias concretas y al historial del animal.