Las astenias postinfecciosas engloban varios cuadros clínicos distintos según el agente patógeno. La astenia postgripal (de 2 a 6 semanas tras el episodio agudo) es la más frecuente. La astenia post-VEB (mononucleosis) puede prolongarse varios meses. El «COVID prolongado» (fatiga > 12 semanas tras la infección por el SARS-CoV-2) está reconocido desde 2021 por la OMS; afecta al 10-15 % de los pacientes con fatiga, confusión mental y malestar tras el esfuerzo. La astenia postantibiótica está relacionada con la disbiosis intestinal inducida, que se manifiesta con fatiga, trastornos digestivos y déficit inmunitario funcional. Cada contexto requiere el uso de principios activos diferentes.
El aceite esencial de abeto negro (Picea mariana, acetato de bornilo ≥ 35 %) estimula la síntesis de corticosteroides suprarrenales gracias a su acción similar al cortisol, compensando el agotamiento suprarrenal funcional postinfeccioso. Mediante aplicación cutánea en la zona torácica y lumbar (de 3 a 5 gotas diluidas, de 2 a 3 veces al día), su efecto tónico está documentado en casos de astenia postgripal y post-COVID leves.La arginina (L-arginina, de 1 a 3 g al día) es un precursor del óxido nítrico (NO), mediador de la vasodilatación capilar; mejora la microcirculación y la perfusión tisular en la fase de recuperación postinfecciosa.
Tras una infección grave, la inmunidad puede permanecer parcialmente alterada durante varias semanas («agotamiento inmunitario»). La vitamina D3 (2 000-4 000 UI/día) reactiva los linfocitos T auxiliares y estimula la síntesis de péptidos antimicrobianos. El zinc (15-30 mg/día) acelera la reparación epitelial de las mucosas respiratorias dañadas y restaura la función del timo, lo cual es especialmente importante en los casos de astenia postgripal y pos-COVID.
La disbiosis intestinal postantibiótica altera la producción de vitaminas del grupo B y de ácidos grasos de cadena corta (fuente de energía de los colonocitos) y desregula el eje intestino-cerebro, lo que provoca fatiga, confusión mental y bajo estado de ánimo. Los probióticos (Lactobacillus rhamnosus GG + Saccharomyces boulardii + Bifidobacterium lactis, 10 000 millones de UFC al día durante 4 a 6 semanas) restablecen la diversidad de la microbiota. Multibiane (Pileje) combina multivitaminas y probióticos en una fórmula diseñada específicamente para la recuperación tras un tratamiento con antibióticos.
El astrágalo (astragalósidos IV) estimula la producción de IL-2, activa las células NK y los linfocitos T citotóxicos, y posee una actividad antiviral directa. Su tratamiento de 3 a 6 meses está especialmente indicado en casos de COVID prolongado y astenia persistente tras la infección por el VEB. El selenio (100-200 µg/día) es cofactor de la glutatión peroxidasa —que protege a las células inmunitarias del estrés oxidativo residual— y de la tiorredoxina reductasa, implicada en la reactivación de los linfocitos T agotados.
El COVID prolongado y la astenia pos-VEB comparten una fisiopatología común: inflamación de bajo grado persistente, disautonomía y agotamiento inmunitario. La estrategia de recuperación debe incluir obligatoriamente la gestión de la energía (pacing —no superar el umbral anaeróbico para evitar el malestar post-esfuerzo—), la suplementación antiinflamatoria (omega-3 EPA/DHA + curcumina + quercetina), la restauración mitocondrial (CoQ10 ubiquinol + L-carnitina + magnesio) y la inmunomodulación suave (astragalo + selenio + vitamina D3). Cualquier sospecha de COVID prolongado debe ser objeto de una consulta médica especializada; desde 2021 existen unidades especializadas en los centros hospitalarios universitarios franceses para un seguimiento personalizado.