Los aceites esenciales relajantes se caracterizan por su alto contenido en ésteres terpénicos y linalol, moléculas reconocidas por su acción calmante sobre el sistema nervioso. La lavanda sigue siendo la referencia imprescindible de esta familia, apreciada por su tolerancia cutánea y su uso versátil (difusión, masaje, baño). Otros aceites complementan de forma útil una rutina de relajación según las preferencias olfativas y las necesidades específicas: cítricos calmantes, flores sedantes o maderas envolventes, cada uno con su propio perfil y precauciones de uso.
La difusión en el ambiente es la forma más sencilla de disfrutar de un ambiente relajante al final del día. Una sesión de entre 20 y 30 minutos, una o dos veces al día, en una habitación bien ventilada, suele bastar para crear una atmósfera tranquilizadora sin riesgo de sobreexposición. La bergamota es especialmente apreciada en difusión por su aroma cítrico, a la vez tonificante y calmante, eficaz contra las tensiones nerviosas al final del día.
En los masajes, los aceites esenciales relajantes siempre deben diluirse en un aceite vegetal, en una proporción del 2 al 5 %, dependiendo de la zona de aplicación. Un masaje lento en el plexo solar, la espalda o la nuca favorece la relajación muscular y nerviosa.El ylang-ylang, rico en linalol y acetatos, es uno de los aceites esenciales más utilizados en los masajes relajantes por su envolvente aroma floral y su suave acción sedante.
El baño con aceites esenciales es un ritual de relajación muy apreciado, siempre y cuando se diluya el aceite esencial en una base neutra (dispersante, aceite vegetal o leche) antes de añadirlo al agua, para evitar cualquier contacto directo con la piel. El petit grain bigarade, con notas verdes y florales, combina especialmente bien en un baño nocturno para facilitar la transición hacia el sueño.
No todos los aceites esenciales relajantes son adecuados para personas sensibles. La mandarina se encuentra entre los mejor tolerados; se puede utilizar en difusor a partir de los 3 meses y es aceptable para un uso puntual a partir del segundo trimestre de embarazo, debido a la ausencia de compuestos dermocausticos o emenagogos en su composición. En el caso de cualquier otro aceite esencial relajante, se recomienda consultar a un profesional antes de utilizarlo en niños o mujeres embarazadas.
Un efecto relajante no significa ausencia de riesgo: algunos aceites esenciales sedantes pueden potenciar el efecto de los tratamientos ansiolíticos o hipnóticos, y deben utilizarse con precaución en caso de estar siguiendo un tratamiento. La mejorana, por ejemplo, no se recomienda en caso de conducir o realizar actividades que requieran una mayor atención debido a su marcado efecto sedante. En general, hay que diluir siempre el aceite antes de aplicarlo sobre la piel, realizar una prueba de tolerancia y no ingerir nunca un aceite esencial sin el consejo de un profesional formado en aromaterapia.