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Piel muerta: recupera una piel suave y luminosa

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¿Qué se entiende por «piel muerta»?

La piel muerta hace referencia a las células de la capa córnea (corneoicitos) que se han desprendido de las capas más profundas de la epidermis y que están a punto de caerse. Cuando este desprendimiento es regular e invisible, se habla de descamación fisiológica normal. Cuando se hace visible —finas escamas blanquecinas, piel que «se engancha» al tacto, tez apagada, maquillaje que no se fija—, significa que hay una acumulación. Esta acumulación puede ser estacional, deberse a un tratamiento inadecuado o, simplemente, estar relacionada con la ralentización de la renovación celular que se produce con la edad.

¿Por qué todas la tenemos?

La renovación de la epidermis es un proceso permanente e indispensable:

  • Las células se forman en la capa basal y migran hacia la superficie en unos 28 días en los adultos jóvenes;
  • Este ciclo se ralentiza con la edad (hasta 40-50 días a partir de los 40 años);
  • Esta ralentización explica por qué la tez pierde progresivamente su luminosidad;
  • En una piel sana, los corneocitos se desprenden sin que se noten;
  • En algunas zonas (talones, codos, rodillas), el grosor natural de la capa córnea provoca una mayor acumulación;
  • El sol, la sequedad, el roce y los cuidados inadecuados acentúan la acumulación visible.

¿Dónde se acumulan con mayor frecuencia?

Hay ciertas zonas del cuerpo que están más expuestas:

  • Rostro: zona T (frente, nariz, barbilla), alrededor de las fosas nasales, contorno de los labios;
  • Cuerpo: parte superior de la espalda, brazos, parte delantera de los muslos y parte inferior de las piernas en invierno;
  • Manos: piel a menudo debilitada por los lavados, sobre todo en personas con manos secas;
  • Codos y rodillas: zonas en las que la epidermis se engrosa de forma natural por el apoyo;
  • Talones: mayor grosor de la capa córnea, riesgo de grietas; las callosidades requieren un tratamiento específico;
  • Cuero cabelludo: la caspa es otro fenómeno, pero forma parte del mismo mecanismo general.

¿Cómo eliminarlas de forma suave?

Tres métodos principales, que se deben elegir según la zona y el tipo de piel:

  • Exfoliación mecánica: exfoliantes de grano fino (azúcar, sal, microperlas biodegradables, polvos de bambú o de coco). Recomendados para el cuerpo, pero no aconsejables para el rostro sensible o la piel inflamada;
  • Exfoliación química suave: tratamientos a base de AHA (ácido glicólico, láctico), BHA (ácido salicílico) o PHA (gluconolactona) en baja concentración (5-10 %). Mecanismo enzimático, sin fricción, más adecuado para el rostro y las pieles sensibles;
  • Exfoliación enzimática: mascarillas con enzimas de papaya (papaína) o piña (bromelina) que descomponen los enlaces entre las células muertas. Muy suave, ideal para pieles reactivas;
  • Lavado con un guante exfoliante de baño (tipo kessa) una o dos veces por semana en el cuerpo;
  • Cepillado en seco con un cepillo de cerdas naturales antes de la ducha: estimula la microcirculación, pero debe evitarse en pieles sensibles o con eccema.

¿Qué exfoliantes naturales son los más recomendables?

Algunas recetas sencillas que conviene priorizar —y una falsa buena idea que hay que evitar—:

  • Azúcar fino + aceite vegetal (almendra dulce, jojoba, oliva): exfoliante corporal suave;
  • Sal fina + aceite: más exfoliante, reservado para las zonas ásperas del cuerpo (talones, codos);
  • Posos de café + aceite: tonificante para el cuerpo;
  • Copos de avena molidos + miel + yogur: muy suave, adecuado para el rostro;
  • Hidrolato de hamamelis en forma de compresa antes de la exfoliación para una preparación suave;
  • Bicarbonato sódico: evitar su uso, ya que su pH muy alcalino (≈ 9) desequilibra de forma duradera el pH fisiológico de la piel (≈ 5,5) y debilita la barrera cutánea. Su reputación como exfoliante es engañosa;
  • Prueba cada receta en el pliegue del codo 48 horas antes de aplicarla en todo el cuerpo.

¿Con qué frecuencia hay que exfoliar la piel?

La regla de oro: no con demasiada frecuencia, nunca sobre piel inflamada.

  • Piel normal o mixta: de 1 a 2 veces por semana;
  • Piel grasa: de 2 a 3 veces por semana; se recomienda el uso de BHA;
  • Piel seca: 1 vez a la semana, con fórmulas suaves con AHA o PHA;
  • Piel sensible o reactiva: 1 vez cada 10-15 días, se recomienda la exfoliación enzimática;
  • Rostro: exfoliación separada del cuerpo, con productos específicos;
  • Talones y codos: 2 veces por semana + hidratación oclusiva inmediata;
  • Por la mañana si se trata de una exfoliación química, por la noche si es mecánica; nunca justo antes de la exposición al sol.

¿A qué signos de exfoliación excesiva hay que prestar atención?

La exfoliación excesiva es la principal causa de molestias cutáneas entre los aficionados a la exfoliación. Sus señales:

  • Enrojecimiento persistente tras la aplicación de los productos;
  • Sensación de ardor o hormigueo al limpiar la piel;
  • Piel que «brilla» de forma anómala, como si estuviera tirante;
  • Aparición paradójica de pequeñas escamas;
  • Mayor sensibilidad a productos que hasta entonces se toleraban bien;
  • Aparición o agravamiento de imperfecciones;
  • Reacción más marcada a los rayos UV, mayor propensión a las quemaduras solares.

Qué hacer: suspender cualquier exfoliación durante 2 o 3 semanas, simplificar la rutina, aplicar tratamientos reparadores ricos en ceramidas y pantenol, y proteger la piel rigurosamente del sol. La piel suele recuperarse en 3 o 4 semanas.

¿Qué hacer con los talones y los codos secos?

Las zonas con piel gruesa requieren un tratamiento específico:

  • Remojar de 10 a 15 minutos en agua tibia con una cucharada de aceite vegetal;
  • Exfoliación suave con sal fina y aceite, con movimientos circulares;
  • En los talones: piedra pómez natural o lima suave (sin cuchilla cortante), de grano fino;
  • Secar con toques suaves y aplicar inmediatamente un bálsamo nutritivo: urea al 10-20 % (queratolítico e hidratante), manteca de karité, pantenol;
  • En los talones agrietados: apósitos hidrocoloides o calcetines de algodón por la noche tras la aplicación de un bálsamo oclusivo;
  • Repetir el tratamiento 2 o 3 veces por semana durante un periodo de 3 a 4 semanas;
  • Si las grietas sangran o en caso de diabetes: es imprescindible consultar al médico, ya que el riesgo de infección es real.