La nutrición del cabello responde a una necesidad estructural fundamental: la fibra capilar está compuesta en un 90 % por queratina rodeada de lípidos intercelulares (18-MEA) que mantienen la cohesión de la cutícula. Cuando estos lípidos se agotan (por el calor, la coloración, los rayos UV o la fricción), la cutícula se levanta y el cabello se vuelve poroso. La porosidad capilar determina el tipo de tratamiento nutritivo adecuado:
La vitamina B8 (biotina) es el micronutriente esencial para la síntesis de la queratina; su déficit provoca que el cabello se vuelva quebradizo, apagado y que su crecimiento se ralentice.
La manteca de karité (Butyrospermum parkii, 40-55 % de ácido esteárico, 35-45 % de ácido oleico, rica en insaponificables —lupeol, α-amirina)— penetra en la corteza capilar porosa y, al mismo tiempo, forma una película oclusiva sobre la superficie de la cutícula; es el ingrediente nutritivo de referencia para el cabello seco, crespo y muy dañado. La manteca de cupuaçu (rica en fitoesteroles y ácidos grasos esenciales) es un activo emoliente complementario que hidrata en profundidad y mejora la flexibilidad y el brillo. Como tratamiento previo al champú, la manteca de karité pura, aplicada entre 20 y 30 minutos sobre el cabello seco antes del lavado, proporciona una nutrición máxima en profundidad; el calor de un gorro térmico potencia la penetración de los principios activos.
El aceite de argán (ácido oleico 46 %, ácido linoleico 35 %, vitamina E, escualeno) es uno de los aceites capilares más equilibrados: penetra parcialmente en la fibra capilar porosa y forma una película protectora no grasa en la superficie. Es adecuado para todo tipo de cabellos, desde secos hasta normales.El aceite de coco (ácido láurico 45-50 %, molécula pequeña) es el que penetra más profundamente en la corteza capilar; es ideal como tratamiento previo al champú (de 30 a 60 minutos sobre el cabello seco) para reducir el hinchamiento de la fibra al mojarse y proteger la estructura de la queratina. No se recomienda como tratamiento final en cabellos finos. La combinación de argán (acabado ligero) y coco (pre-champú nutritivo) cubre las dos fases clave de la nutrición capilar.
Los champús nutritivos (tiempo de actuación de 1 a 3 minutos) tienen una acción nutritiva superficial moderada; su función principal es limpiar sin agravar la deshidratación. Los acondicionadores nutritivos son los cuidados más eficaces en la rutina diaria: su fórmula en emulsión inversa permite que los principios activos (mantecas, proteínas, aceites) penetren en el cabello mojado durante 2 a 5 minutos y se depositen sobre la cutícula, alisando las escamas, facilitando el desenredado y protegiendo la fibra. Las mascarillas nutritivas intensivas (de 10 a 30 minutos, con calor suave) deben reservarse para el cabello muy dañado, de 1 a 2 veces por semana para una nutrición profunda.
Los tratamientos con queratina hidrolizada (péptidos de 1 000 a 5 000 Da) penetran en la fibra capilar porosa y rellenan temporalmente las lagunas de la estructura queratínica; refuerzan mecánicamente el cabello, reducen la rotura y mejoran la elasticidad capilar. Las proteínas hidrolizadas de seda y de trigo ejercen efectos similares. Un exceso de proteínas en el cabello de baja porosidad puede hacerlo rígido y quebradizo (saturación proteica); por ello, es recomendable alternar los tratamientos proteínicos con tratamientos hidratantes puros. La caída del cabello por carencias nutricionales (biotina, zinc, hierro) responde bien a una nutrición interna (complementos alimenticios específicos) combinada con tratamientos externos nutritivos.