La decoloración es un proceso químico que elimina la melanina natural del cabello mediante un agente oxidante (agua oxigenada) combinado con un polvo alcalinizante. A diferencia de una coloración clásica, que deposita un pigmento sobre la fibra capilar, la decoloración abre las escamas del cabello y destruye la pigmentación existente, lo que la convierte en el proceso más agresivo de entre todas las técnicas de cambio de color. El resultado depende del volumen de oxidante utilizado y del tiempo de exposición, y casi siempre conlleva un daño capilar cuando el aclarado deseado es significativo.
La coloración añade pigmentos a la fibra capilar sin aclararla necesariamente en profundidad, mientras que la decoloración elimina la pigmentación existente abriendo la cutícula de forma más marcada. Esta diferencia en el mecanismo explica por qué el cabello decolorado suele volverse más poroso y quebradizo que el cabello simplemente teñido, lo que justifica el uso sistemático de un acondicionador reparador desde el primer lavado tras el proceso.
El proceso oxidativo de la decoloración disuelve parte de las proteínas y los lípidos presentes de forma natural en la fibra capilar, lo que aumenta su porosidad y reduce su elasticidad. El cabello decolorado retiene peor la hidratación y se rompe con mayor facilidad, sobre todo en los largos y las puntas. Aplicar aceite de argán como tratamiento antes o después del proceso ayuda a limitar la pérdida de lípidos y a suavizar la fibra debilitada.
El cuero cabelludo queda directamente expuesto a los agentes alcalinizantes y oxidantes durante la aplicación, lo que conlleva el riesgo de sentir calor, hormigueo o incluso quemaduras superficiales si el producto se deja actuar durante demasiado tiempo o si la concentración no es la adecuada. Se recomienda realizar una prueba cutánea 48 horas antes de la aplicación, especialmente en personas con cuero cabelludo sensible. Evita aplicar el producto sobre un cuero cabelludo ya irritado o lesionado.
Tras una decoloración, la prioridad es reparar la fibra capilar y mantener la hidratación: champús suaves sin sulfatos agresivos, mascarillas nutritivas periódicas y reducir el uso de fuentes de calor (planchas alisadoras, secadores a alta temperatura). Para una rutina completa y duradera adaptada a este tipo específico de cabello, la página dedicada al cabello decolorado detalla los cuidados a largo plazo.
Nunca se debe realizar una decoloración en un cabello ya debilitado por un tratamiento químico reciente (permanente, alisado o decoloración previa realizada hace poco tiempo) sin un periodo de reposo suficiente. En caso de irritación del cuero cabelludo o lesiones cutáneas, es preferible posponer el tratamiento. Realizar una prueba en un mechón antes de la aplicación completa permite anticipar el resultado y el nivel de daño previsto, y se recomienda el asesoramiento de un profesional en caso de aclarados importantes o de cabello ya tratado químicamente.