Los términos «collar repelente» y«collar antiparasitario» se refieren a modos de acción distintos. Un collar repelente actúa mediante repulsión olfativa: ahuyenta a los insectos sin matarlos (aceites esenciales de geraniol, citronela y lavanda). Un collar antiparasitario contiene un insecticida activo que mata a las pulgas, las garrapatas o los piojos al entrar en contacto con el animal o tras colocárselo. Algunos collares combinan ambos modos de acción: repulsión a distancia y acción letal por contacto. Las fórmulas antiparasitarias más completas combinan una molécula adulticida (que mata rápidamente a los insectos adultos) y, en ocasiones, una molécula larvicida (que impide el desarrollo de los huevos y las larvas en el entorno inmediato del animal). Al igual que con cualquier tratamiento contra insectos y artrópodos que pican, la eficacia depende tanto de la calidad del producto como de su correcta utilización.
En los collares antiparasitarios veterinarios se utilizan varias familias de insecticidas, con duraciones y espectros de acción diferentes:
Los collares naturales (geraniol, neem, lavanda) tienen una duración de 1 a 3 meses y actúan principalmente por repulsión. Estas diferencias de duración son importantes para planificar las renovaciones y evitar las picaduras en períodos de gran actividad parasitaria.
El gato es una especie especialmente sensible a ciertos insecticidas. Los piretroides en concentraciones elevadas (permetrina, cipermetrina) están totalmente contraindicados en los gatos: su metabolismo hepático, que carece de glucuronidasa, no permite su degradación, lo que provoca una rápida acumulación neurotóxica. La flumetrina, en cambio, puede utilizarse en gatos en formulaciones específicamente adaptadas a esta especie, en concentraciones muy inferiores a las utilizadas en perros. En un hogar con perros y gatos, un perro que lleve un collar con permetrina no debe dormir junto a un gato ni ser lamido por él. En caso de ingestión accidental de residuos durante el aseo, pueden aparecer trastornos digestivos; acude inmediatamente al veterinario.
Los collares están disponibles en varias longitudes adaptadas al tamaño del animal (gatito/gato, perro pequeño < 8 kg, chien moyen 8-25 kg, grand chien > o 25 kg). Utilizar una talla inadecuada reduce la eficacia o supone un riesgo de contacto excesivo con la piel. La duración de la protección debe ajustarse a la estación del año y al estilo de vida: un perro de caza activo de abril a noviembre se beneficiará de un collar de larga duración (8 meses); un perro sedentario que vive en un piso puede conformarse con una protección estacional renovable. El collar debe renovarse en la fecha de caducidad, aunque no se observe ningún parásito. Las parasitosis internas concomitantes (gusanos que suelen transmitirse a través de las pulgas) requieren un tratamiento antiparasitario complementario.
El collar antiparasitario forma parte de un protocolo de protección integral. Se puede combinar con una pipeta spot-on para cubrir las zonas no protegidas por el collar (parte trasera, flancos). Sin embargo, se desaconsejan ciertas combinaciones para evitar una sobredosis, en particular la combinación de dos organofosforados (collar de dimpilato + pipeta de dimpilato). El tratamiento del entorno sigue siendo imprescindible en caso de infestación confirmada. Un tratamiento regular contra los parásitos intestinales (vermífugo) completa la protección: las pulgas ingeridas durante el acicalamiento transmiten la tenia (Dipylidium caninum). La supervisión regular del animal sigue siendo imprescindible, incluso con el collar puesto.
Un collar antiparasitario al final de su periodo de protección no suele ser visible a simple vista: la matriz polimérica puede parecer intacta, aunque el principio activo se haya agotado. La única forma fiable de asegurarse de que la protección sigue activa es respetar escrupulosamente la fecha límite de uso indicada en el envase. Hay signos indirectos de ineficacia que pueden alertar: presencia de pulgas vivas en el animal a pesar del collar, hallazgo de garrapatas adheridas en zonas alejadas del collar (normal) o en su proximidad inmediata (signo de agotamiento). Las condiciones de uso (baños frecuentes, sudoración intensa) pueden reducir la duración efectiva de la protección. Inspecciona regularmente el estado de la piel en contacto con el collar: un eritema, una alopecia o un prurito localizado pueden indicar una irritación por contacto que justifique su retirada y una consulta veterinaria. Las contaminaciones ambientales (incluidos los parásitos y sus huevos) persisten durante mucho tiempo en los espacios habitados; por lo tanto, la vigilancia del entorno del animal siempre complementa eficazmente el collar.