La inflamación es una reacción de defensa fisiológica del sistema inmunitario, indispensable para la supervivencia; sin ella, las infecciones y las lesiones no se curarían. Se desencadena en cuanto se detecta una señal de peligro: una lesión tisular, un agente infeccioso, un cuerpo extraño o una molécula proinflamatoria. Las células centinela (macrófagos, mastocitos) liberan entonces mediadores químicos —histamina, prostaglandinas, leucotrienos, citoquinas (IL-1β, IL-6, TNF-α)— que coordinan la respuesta local y sistémica. Los complementos antiinflamatorios naturales están disponibles en las secciones de «dolores articulares » y «vitaminas y minerales » de la tienda.
Los cuatro signos clásicos de la inflamación aguda —enrojecimiento (rubor), calor (calor), hinchazón (tumor), dolor (dolor)—, a los que se suma la pérdida de función (functio laesa), son el resultado de la vasodilatación y del aumento de la permeabilidad vascular, lo que permite que las células inmunitarias acudan en masa al lugar de la lesión. Esta reacción es beneficiosa y de duración limitada cuando funciona con normalidad. Se convierte en patológica cuando se prolonga sin una causa identificable o no remite correctamente: se trata de la inflamación crónica, que subyace a numerosas enfermedades modernas (enfermedades cardiovasculares, diabetes tipo 2, artrosis, enfermedades autoinmunes, enfermedades neurodegenerativas). Consulte la página «Estados inflamatorios» para obtener información completa sobre el tratamiento clínico.
El perfil bioquímico de la inflamación incluye la PCR (proteína C reactiva —marcador de inflamación aguda que se eleva en un plazo de 6 a 12 horas, valores normales < 5 mg/L) y la VS (velocidad de sedimentación —marcador de inflamación crónica, que tarda más en aumentar y disminuir). Estos marcadores no especifican la causa —solo indican que hay inflamación— y siempre deben ser interpretados en el contexto clínico por un médico. El hemograma (fórmula sanguínea) apunta a un origen bacteriano (polinucleosis neutrofílica) o viral (linfocitosis).
Es necesario acudir al médico en caso de inflamación acompañada de fiebre, dolor y hinchazón persistentes en las articulaciones, dolor torácico o abdominal, signos neurológicos, o si los síntomas no remiten en un plazo de 48 a 72 horas a pesar de las medidas higiénico-dietéticas. La inflamación no tratada puede derivar en complicaciones orgánicas irreversibles.
Los tratamientos naturales antiinflamatorios actúan a través de vías biológicas complementarias a las de los AINE (antiinflamatorios no esteroideos), a menudo con una mejor tolerancia digestiva para un uso prolongado. La cúrcuma (curcumina estandarizada + piperina) es la mejor documentada —inhibidora de NF-κB y de las citocinas proinflamatorias TNF-α e IL-6— y resulta eficaz en el dolor articular y las enfermedades inflamatorias crónicas. La boswellia (ácidos boswélicos —inhibidores de la 5-LOX, vía de los leucotrienos—) complementa la acción de la cúrcuma mediante un mecanismo distinto. Los omega-3 EPA-DHA (de 1 a 3 g/día — alegación de la EFSA) son precursores de las resolvinas y las protectinas, mediadores de la resolución de la inflamación crónica. El jengibre (gingeroles — inhibidores de la COX y la LOX) actúa sobre los dolores musculares y articulares. Estos enfoques favorecen un estilo de vida antiinflamatorio, pero no sustituyen a los tratamientos médicos prescritos para las enfermedades inflamatorias diagnosticadas.