El equilibrio nervioso se refiere al estado de regulación óptima del sistema nervioso autónomo (SNA), que coordina constantemente las funciones vitales involuntarias —ritmo cardíaco, digestión, inmunidad, temperatura— entre dos ramas antagónicas: el sistema nervioso simpático (SNS —modo «emergencia/estrés») y el sistema nervioso parasimpático (SNP —modo «descanso/recuperación»). La salud y el bienestar diario dependen de la alternancia armoniosa entre estos dos modos. Cuando el estrés crónico mantiene al SNA en activación permanente, el organismo permanece en estado de alerta sin poder pasar al modo de recuperación: el cortisol y la adrenalina se acumulan, la calidad del sueño se deteriora,la ansiedad se instala y los sistemas digestivo e inmunitario se ven alterados. Restablecer el equilibrio nervioso es, por tanto, una cuestión de salud general, no solo de bienestar psicológico. Los complementos para favorecer el equilibrio nervioso están disponibles en la gama antiestrés.
El desequilibrio nervioso se manifiesta mediante un conjunto de señales que afectan a varios sistemas simultáneamente; este carácter multisistémico es característico:
Las principales causas son el estrés crónico (laboral, relacional, ambiental), las carencias de magnesio y vitaminas del grupo B (cofactores de la síntesis de neurotransmisores), la falta de sueño, el sedentarismo y una alimentación proinflamatoria. En caso de síntomas graves o persistentes, es imprescindible acudir al médico para descartar una patología orgánica.
La relajación y la coherencia cardíaca (5 respiraciones/min, 5 minutos, 3 veces al día) son las herramientas más eficaces e inmediatas para hacer que el sistema nervioso pase del modo simpático al parasimpático. La meditación regular reestructura la actividad de la corteza prefrontal y reduce la reactividad de la amígdala a largo plazo. En cuanto a los micronutrientes, el magnesio (bisglicinato o malato — 300 mg al día) es el primer nutriente que hay que reponer: como cofactor de la síntesis del GABA (el principal neurotransmisor inhibidor), regula la excitabilidad neuronal y reduce la hiperreactividad al estrés. Las vitaminas del grupo B —especialmente la B12— son indispensables para la síntesis de neurotransmisores (serotonina, dopamina, noradrenalina) y para la mielinización de las fibras nerviosas. Los omega-3 EPA-DHA (de 1 a 3 g/día) reducen la inflamación neurológica y mejoran la fluidez de las membranas sinápticas. La griffonia (5-HTP —precursor de la serotonina—) favorece el estado de ánimo y el equilibrio emocional —contraindicada con ISRS, IRSN, tramadol y hipérico—. La valeriana (uso bien establecido según la EMA) alivia la tensión nerviosa y facilita el sueño. La rodiola (adaptógeno) refuerza la resistencia al estrés y reduce la fatiga mental —se debe tomar por la mañana; contraindicada en trastornos bipolares—.