La endometriosis es una enfermedad ginecológica en la que un tejido similar al endometrio —la mucosa uterina— se desarrolla fuera del útero, en los ovarios, las trompas de Falopio o el tejido pélvico. Estos implantes reaccionan a las hormonas del ciclo menstrual, provocando inflamación, adherencias y, en ocasiones, la formación de quistes denominados endometriomas. Según la OMS, la endometriosis afecta a aproximadamente el 10 % de las mujeres en edad fértil, pero sigue estando, con demasiada frecuencia, infradiagnosticada, con un plazo medio de varios años entre los primeros síntomas y el diagnóstico.
Los síntomas varían considerablemente de una mujer a otra, y su intensidad no siempre refleja la extensión de las lesiones. Los signos más reveladores son los dolores pélvicos intensos, sobre todo durante la menstruación dolorosa y en las relaciones sexuales. El cuadro se completa con dolor al orinar o al defecar durante la menstruación, menstruaciones abundantes y fatiga crónica. En ocasiones, la infertilidad constituye el principal síntoma de alerta, revelando una endometriosis asintomática.
El diagnóstico se basa en una serie de pruebas. La ecografía pélvica endovaginal y la resonancia magnética permiten visualizar las lesiones accesibles y los endometriomas ováricos. La laparoscopia sigue siendo el método de referencia para confirmar el diagnóstico: esta intervención quirúrgica mínimamente invasiva permite observar directamente las lesiones pélvicas y extraer fragmentos de las mismas para su análisis histológico. Es frecuente que el diagnóstico se retrase entre 6 y 10 años, lo que subraya la importancia de acudir al médico tan pronto como aparezcan dolores menstruales atípicos.
El tratamiento se personaliza en función de la intensidad de los síntomas, la extensión de las lesiones y el deseo de embarazo. Los antiinflamatorios no esteroideos alivian el dolor en la fase aguda. Las terapias hormonales —píldora continua, progestágenos, agonistas de la GnRH— reducen o suprimen la menstruación y limitan la progresión de las lesiones. La cirugía de extirpación de los implantes endometriósicos mejora significativamente los síntomas y la fertilidad en los casos de gravedad moderada a grave. Estos enfoques pueden combinarse en función del perfil de la paciente.
A día de hoy no existe una cura definitiva parala endometriosis. Los tratamientos disponibles tienen como objetivo controlar los síntomas, limitar la progresión de las lesiones y preservar la fertilidad. La enfermedad suele evolucionar por ciclos, con períodos de remisión y fases de recrudecimiento. Un enfoque complementario —una dieta antiinflamatoria rica en omega-3 y cúrcuma, y la reducción de los azúcares refinados— puede reforzar el tratamiento médico al limitar la inflamación sistémica.
La endometriosis está implicada en aproximadamente entre el 30 % y el 50 % de los casos de infertilidad femenina. Los mecanismos son múltiples: adherencias tubáricas, alteración de la calidad ovocitaria y entorno pélvico proinflamatorio. Sin embargo, muchas mujeres con endometriosis conciben de forma espontánea. Para aquellas que tienen dificultades, la cirugía de extirpación previa puede mejorar los resultados, y la FIV sigue siendo una opción eficaz. Se recomienda consultar a un especialista en fertilidad desde el primer momento en que surjan dudas.
La endometriosis afecta profundamente a la calidad de vida. Los dolores crónicos limitan las actividades profesionales y sociales, perturban el sueño y generan un cansancio acumulado. El impacto emocional es considerable: son frecuentes la ansiedad, la depresión y la sensación de aislamiento, agravadas por la falta de reconocimiento de la enfermedad. El acompañamiento psicológico, los grupos de apoyo y una atención multidisciplinar que integre el dolor, la fertilidad y la salud mental mejoran significativamente la experiencia de las pacientes.
Durante el embarazo, la supresión de los ciclos menstruales puede reducir temporalmente las lesiones endometriósicas y los dolores asociados. Sin embargo, este beneficio es transitorio: los síntomas suelen reaparecer tras el parto y la reanudación de los ciclos. Las mujeres embarazadas con endometriosis deben recibir un seguimiento obstétrico estrecho, ya que la enfermedad puede estar asociada a un riesgo ligeramente mayor de complicaciones obstétricas. Se puede considerar un tratamiento médico adecuado durante el posparto para prevenir las recidivas.