La costra láctea, o dermatitis seborreica del lactante, es una afección dermatológica muy frecuente y benigna que afecta aproximadamente a uno de cada dos lactantes entre el nacimiento y los 12 meses de edad. Se manifiesta mediante placas escamosas de color amarillento o blanquecino, a veces grasas y otras secas, localizadas principalmente en el cuero cabelludo.
Las zonas más afectadas son la coronilla y la parte frontal del cráneo, pero las placas también pueden extenderse a las cejas, los párpados, el pliegue retroauricular (detrás de las orejas) y, con menor frecuencia, al pañal o a los pliegues cutáneos. A pesar de su aspecto a veces llamativo, la costra láctea no es dolorosa ni contagiosa, y en ningún caso es indicio de falta de higiene. Suele desaparecer espontáneamente antes de los 12 a 18 meses de edad. Para el lactante y el bebé en general, existen recursos complementarios.
La causa exacta de la costra láctea aún no se conoce del todo, pero se han identificado varios factores:
Contrariamente a lo que se suele creer, la costra láctea no tiene ninguna relación con una intolerancia alimentaria, una alergia a la leche o un error en la dieta de la madre lactante. El término «costra láctea» es históricamente engañoso y, en realidad, se refiere a una dermatitis seborreica pediátrica. En cuanto ala lactancia materna en general, existen recursos específicos.
El tratamiento se basa en cuidados sencillos, suaves y progresivos, sin necesidad de intervención médica en la mayoría de los casos. La regla de oro sigue siendo no rascarse nunca las costras adheridas, ya que esto podría dañar la frágil piel y favorecer una sobreinfección. Pasos recomendados:
En farmacias existen algunos geles y cremas específicos, formulados para ayudar a eliminar las costras con suavidad. Se utilizan en tratamientos cortos, idealmente siguiendo el consejo de un farmacéutico o un pediatra. En cuanto al champú para bebés y alos productos calmantes para bebés en general, existen recursos específicos.
Aunque la costra láctea suele ser benigna y se resuelve por sí sola, hay varias situaciones que justifican una consulta pediátrica:
El pediatra puede recetar, según el caso, una crema antimicótica adecuada (ketoconazol) o un corticoide tópico de potencia baja en un tratamiento muy breve. Se debe evitar la automedicación con corticoides o antimicóticos en los lactantes sin consejo médico.
No existe ningún método que prevenga totalmente la aparición de la costra láctea, que sigue siendo un fenómeno fisiológico transitorio. Sin embargo, algunas medidas pueden limitar su extensión:
La higiene y el mantenimiento de una piel flexible e hidratada son los mejores aliados para superar este periodo. Para el aseo del bebé en general, existen recursos específicos.
Varias afecciones cutáneas del lactante pueden dar lugar a confusión. Algunos puntos de referencia para el diagnóstico diferencial:
En caso de duda diagnóstica, se recomienda acudir a una consulta pediátrica o dermatológica. Parael eccema yel exceso de sebo en general, existen recursos específicos.
La costra láctea evoluciona en brotes que duran desde varias semanas hasta varios meses, con fases más o menos marcadas. La duración habitual es de unas semanas a 3-6 meses, y suele desaparecer espontáneamente antes de los 12 a 18 meses sin secuelas ni cicatrices.
No se ha establecido ninguna relación entre la duración o la intensidad de la costra láctea en el lactante y un riesgo posterior de dermatitis seborreica en la adolescencia o en la edad adulta. Cada episodio es independiente. Una reaparición tardía en otras zonas (cara, surcos nasogenianos, cuero cabelludo, pliegues) durante la adolescencia o la edad adulta corresponde a una dermatitis seborreica del adulto, que constituye una entidad distinta y se trata con tratamientos específicos. Para el cuero cabelludo irritado y el cuero cabelludo sensible en general, existen recursos específicos.
Para el cuidado de la costra láctea, hay varios criterios que orientan la elección de los productos:
A evitar: aceite de oliva (favorece la proliferación de Malassezia según varios estudios recientes), champús para adultos (demasiado agresivos), productos perfumados o con alcohol, depilatorios, queratolíticos, cepillados enérgicos y raspado manual de las costras adheridas. Su farmacéutico sigue siendo un interlocutor valioso para acompañarle en estos primeros cuidados del cuero cabelludo del bebé, como complemento al seguimiento pediátrico habitual.